Las palabras que eran del León
A los 11 o 12 años, en la escuela, después de sufrir durante días (siglos) la persecución de unos compañeros que me cargaban porque mi vieja era judía, me agarré a trompadas con uno de ellos. La maestra nos mandó a cada uno a un rincón. Me acuerdo que me reprendió: "Ahh, menos mal que te dolía la panza, ¿eh?". De hecho me dolía la panza de los nervios, hasta que no aguanté más y le dije al pibe, Bruno, que lo arregláramos en el patio. Casi no nos pegamos, pero le gané claramente. Cuando mi viejo me fue a buscar al colegio, le conté que me había agarrado a trompadas con uno de ellos, con uno de los que me atacaban. Me felicitó. Sus palabras fueron inmensamente necesarias.
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