Carta abierta a mi ex terapeuta
Hola Ricardo, ¿cómo estás, tanto tiempo?
Soy Jorge Milanés. Me acordé de vos, de la forma un tanto abrupta en que terminé nuestra terapia, y encontré tu email.
Te cuento que hace un año estoy viviendo en Barcelona. Me hizo muy bien rajar un poco. Acá estoy viviendo en un departamento compartido con una alemana, un francés y un catalán.
Tengo un grupete de amigos y bastantes inseguridades menos. Sigo enganchado al Rivotril, pero en dosis controladas (por mí, je) y sólo para ir a trabajar.
Estuve probando con la meditación y me vino bien. Ahora estoy buscando otro tipo de meditación.
Conseguí trabajo, uno que me gusta, y es posible que lo mantenga por lo menos hasta el año que viene. Por ahora no tengo planes de volver. Me gustaría viajar un poco más.
Lamento haber dejado las sesiones así como las dejé, pero realmente sentía que ya habíamos dado muchas vueltas sobre los mismos temas, sin que pudiera avanzar realmente.
Después fui a otros psicoterapeutas, tres más, con distintos estilos, pero veo que por ahí, por ahora, no va la cosa.
Hice yoga, meditación, talla en madera, guitarra, saxo... Sigo buscando, y soy tenaz. Tal vez no haya que buscar tanto, y haya que ser más pasivo, más aceptador de las realidades (no digo resignarme, sino aceptarme).
Me quedó un buen recuerdo de nuestra terapia. Siempre fuiste muy contenedor, muy empático. Hablabas bastante de vos y a veces cabeceabas por no quedarte dormido, pero no pasa nada, dicen que los psicólogos también son personas.
Simplemente eso. Tenía ganas de escribirte. Gracias por la ayuda. Me quedo con que el psicoanálisis no puede avanzar sobre la capacidad o la voluntad de cambiar del otro.
Espero que Pepa y tu familia anden bien.
Abrazo grande.
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