Verde
Ir a otro lado y hacerme blando. Tener la guitarra con las cuerdas nuevas y rasguear. No tanto punteo. No tanto punzar. Ahora es rasguear, flotar con resonancia.
Me imagino solo, hermoso, con un poco de frío y bien abrigado. Recostado sobre paredes de ladrillo. Manchada la espalda, anclado al presente.
Cantar no es prioritario. Bordear mi deseo hasta darle en el centro. Y ahí sonreír, si viene al caso.
La felicidad es alcanzable y se trata de todo esto que escribo. El miedo tiene la profundidad de un vaso. Es una trampa natural. Sólo hay que aceptarlo. Y no sentirse visto. Para aprender a mirar.
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